Nuestra
Historia
En 2023 llegué a GraceLife
y, ese mismo día,
viví algo mágico y maravilloso:
Fui llena del Espíritu Santo
y además bautizada.
Toda la iglesia presenció ese momento,
entre ellos Caleb,
quien me confesó después que
desde ese instante,
yo había llamado su atención.
Con el tiempo, tuvimos
la oportunidad de conversar, así comenzó un saludo
cada vez que nos veíamos.
Hasta que un día,
Marzo de 2024, Caleb se atrevió
a pedirme mi número de teléfono
e invitarme a tomar un café.
Sin embargo, ese no era el tiempo
que Dios tenía para nosotros,
y mi respuesta fue un no.
Dios, en su plan perfecto,
trabajaba en moldear nuestros corazones.
Nosotros en cambio,
buscábamos apresuradamente
lo que él ya tenía escrito.
Caminamos por rutas equivocadas,
pero cada paso nos preparó para
la gran relación que hoy tenemos.
Pasó un año entero,
y en ese tiempo conocí a su familia,
a quienes siempre consideré
una familia bonita y ejemplar.
Su hermana Camila y yo
conectamos de inmediato;
en una de nuestras conversaciones
me habló de su hermano
como un gran hombre,
y yo me pregunté:
¿Por qué no acepté salir con él?
A inicios de 2025 lo vi nuevamente,
y lo vi diferente.
Varias veces pensé en invitarlo a salir,
movida por la curiosidad
de conocerlo más
y descubrir qué hubiese pasado,
exactamente un año después
de su primera invitación.
En un servicio de mitad de semana,
yo estaba en el estacionamiento
de nuestra iglesia y por “casualidad”,
él pasaba por ahí y se atrevió
a invitarme a salir nuevamente.
Esta vez, con el corazón
completamente listo, le dije que sí.
Pensé: no puedo dejar pasar
esta oportunidad. De inmediato
me envió un mensaje
para coordinar día, hora y lugar.
Sin expectativas, pero con mucha paz,
nos encontramos el sábado 26 de abril
de 2025. Pasamos cuatro horas juntos,
que se sintieron como minutos.
Desde el primer momento noté
que era alguien especial,
con una bondad que se reflejaba
en cada gesto.
Me repetía a mí misma:
esta vez no puedo fallar,
quiero conocerlo más.
Una semana después de esa cita,
Caleb me pidió que fuera su novia.
Aunque me sorprendió la rapidez,
sentí una tranquilidad absoluta
en mi corazón, convencida de que
estaba haciendo lo correcto.
Hoy, en este tiempo de relación,
hemos procurado honrar a Dios
por sobre todas las cosas.
Nos sentimos agradecidos y felices.
Caleb es el complemento perfecto
para mí: con su amor, paciencia y ternura
me ha demostrado lo que siente,
y me ha hecho crecer
como persona, como mujer y,
sobre todo, como hija de Dios.













¡Nuestra Boda!
A & C